jueves, 4 de julio de 2013

La jugadora de ajedrez


Esta película es del año 2009 basada en una novela de Bertina Henrichs: “La Joueuse d'échecs”; el guión es de Caroline Bottaro y Caroline Maly y los actores son Kevin Kline y Sandrine Bonnaire.
Además de la magnífica actuación de los protagonistas y de la excelente fotografía, la película no es solamente la historia de la mucama Hélène que aprende a jugar ajedrez y se convierte en una exitosa jugadora sino que es la historia de una mujer con una vida gris, en la que todos los días son iguales. Es una mujer sola que no tiene el amor ni la comprensión de sus familiares. Ese vacío, esa soledad la va a llenar el ajedrez, que en la película, es vehículo de amor y de amistad, es el mediador entre Hélène y el profesor.
En una de las primeras imágenes de esta película aparecen dos personas, un hombre y una mujer jugando ajedrez en una terraza. El viento mueve levemente la cortina blanca que separa la terraza de la habitación donde la mucama está haciendo la limpieza. Ella los observa pero no solo mira el juego de ajedrez de la pareja sino también el juego del amor, las miradas, las sonrisas, las caricias, las manos entrelazadas. Ella observa la felicidad del amor de Monsieur Kröger, profesor y escritor, y su amante; la presencia de ese amor le hace notar la ausencia del mismo en su propia vida. Ella, Hélène, está casada con un obrero, Ange; tiene una hija muy joven, Lisa, por la que trabajan duramente. Hélène es mucama, arregla las habitaciones de un pequeño hotel y las de la casa del profesor que es viudo y juega ajedrez.
La relación de los esposos es fría, la pasión ha desaparecido; el esposo trabaja y después se reúne con los amigos y ella se ha vuelto invisible para él. Sus intentos de seducción al esposo no le dan resultado.
Ella todos los días hace su trabajo pero cuando puede, acaricia el tablero y las piezas de ajedrez del profesor. Cuando el esposo cumple años le hace un regalo insólito para él: un juego de ajedrez, como si la magia y el erotismo estuvieran implícitos en el juego de ajedrez.
Un día se decide a pedirle al profesor que la enseñe a jugar. De la sorpresa y la negativa inicial se pasa a la aceptación. Las clases se fijan los días martes en la tarde. La imagen inicial de la película se repite pero con otra figura femenina. Una vez más el ajedrez es el mediador, el vinculo de acercamiento que propicia una amistad cada vez más intensa. La amante anterior es sustituida por la mucama que inconscientemente quiere parecerse a aquella mujer joven, bella y elegante capaz de inspirar una gran pasión. Hélène empieza a cuidar su imagen, se corta el cabello y se viste mejor. Inconscientemente desea seducirlo. Una copa de vino, sonrisas y hasta un beso son indicios de esa intención. El ajedrez actúa como un elemento mágico de seducción también para el esposo, quien al descubrir la nueva afición de su mujer, se llena de celos, la mira diferente y renace la pasión. Lisa, la hija quinceañera, que hasta ese momento había sido hostil y rebelde, se acerca a la madre con un nuevo sentimiento de admiración y cariño y lo más importante es que Hélène se ha emancipado y se ha realizado como una mujer exitosa que ha encontrado, gracias al ajedrez, no solo una actividad que la hace feliz sino que ha recuperado el amor y la unión de su familia.

sábado, 29 de junio de 2013

Cine y Realidad


En el cine y en la literatura, la imaginación, nutrida por la realidad, crea otra realidad, la de la ficción y si en la novela, está presente el lenguaje de los signos, en el cine los lenguajes son varios y todos los signos se unen para crear la obra de arte que conmueve y apasiona. En el cine las imágenes se graban con fuerza imperecedera en la memoria del espectador; es por ello que cada día cobra más fuerza la enseñanza de la historia, de la literatura, del arte etc., a través de películas que saben expresar magistralmente el contenido de novelas famosas o recrean sabiamente hechos históricos fundamentales. Son muchas las películas de tipo histórico que perduran en el tiempo y la biografía de grandes escritores, de pintores y músicos, de políticos exitosos y hombres de poder quedan impresos en la memoria vinculados al actor o actriz que los encarnan en la película. Cuando se piensa en Van Gogh inmediatamente la memoria trae la imagen de Kirg Douglas; la figura de Moisés queda indisolublemente unida a Charlton Heston después de ver Los Diez Mandamientos; cuando hablamos de Madame Bovary, viene a la mente inmediatamente la figura de Isabelle Hupert; Bradd Pitt es el Aquiles moderno en la reciente película Troya y Don Corleone, el personaje de la novela de Mario Puzo, El Padrino, estará siempre asociado a Marlon Brando. Lincoln será difícil desligarlo de Daniel Day Lewis, así como el personaje de Fantine de Los Miserables será por mucho tiempo identificado con Anne Hathaway.
El cine crea un mundo mágico de ficción pero la fuerza de la imagen unida a la música provocan un efecto de realismo, suscitando emociones diversas, de miedo, terror, angustia, alegría, dependiendo del género de la película. Hay algunas donde se muestra vivamente la capacidad humana de hacer el mal o de hacer el bien, películas donde se muestra el absurdo de la existencia; películas donde se plantean situaciones de horror, no solo las que se generan en las guerras o las provocadas por psicópatas, sino aquellas películas magistrales donde se tratan temas que desembocan en tragedias terribles. Una de ellas es La Decisión de Sofía, una película britanica-estadounidense del año 1982, dirigida por Alang Pakula y con la actriz Meryl Streep cuya actuación la hizo merecedora del Oscar a la mejor actriz y al Globo de Oro. En la película, ella es sobreviviente del campo de Auschwitz en la Segunda Guerra Mundial pero vive atormentada por los recuerdos y por la decisión que se vio obligada a tomar cuando era prisionera. La crueldad humana se manifiesta cuando el guardián le dice, que de sus dos pequeños hijos puede salvar a uno y el otro será destinado a morir en la cámara de gas. Es la crueldad a la que puede llegar el ser humano, es el reino del mal, en una guerra donde se persiguen a los judíos con el único objetivo de su aniquilación total.
En ese mismo contexto de la Segunda Guerra Mundial, se produce, en el año de 1942, un hecho histórico abominable. Francia que había sido ocupada por los nazis, recibe la orden, emanada directamente del gobierno alemán, de encarcelar a todos los judíos y deportarlos a los campos de concentración. En la redada de ese día fatídico, los policías franceses hicieron presos a miles de judíos; familias enteras fueron obligadas a abandonar sus hogares y la mayoría murieron en los campos de exterminio nazis. Esa historia se cuenta en la película La Llave de Sarah, película francesa dirigida por Gilles Paquet. El mayor horror en la película es que Sarah, una niña de aproximadamente diez años ese día de la redada, cuando noto que los policías no se habían dado cuenta de la presencia de su hermanito pequeño, de más o menos cuatro años, para salvarlo lo encierra en un armario diciéndole que no salga de allí hasta que ella lo rescate. Sarah y sus padres son arrestados y llevados separados, a campos de concentración. La preocupación de Sarah era su hermanito, regresar a la casa para liberarlo. Después de varios días logra huir del campo con otra niña que muere después y ayudada por una pareja de ancianos, que vivía en una granja en las afueras de la ciudad, regresa a su casa para encontrar en el armario a su hermanito muerto. El dolor y el recuerdo de este hecho la atormentará toda la vida y aunque se case y tenga hijos, se suicida provocando un choque con el vehículo que conducía.
Hay otra película en donde también se plantea el horror y la tragedia humana de manera impresionante. Es la película inglesa Jude dirigida por Michel Winterbottom y protagonizada por Kate Winslet y Christopher Eccleston. Está basada en la novela Jude, el oscuro de Thomas Hardy.
En esta película, la familia integrada por el padre, la madre y tres niños pequeños (el mayor de ocho años, la niña de tres años aproximadamente y un bebé) viven en una gran precariedad económica. Por el hecho de no estar casados son señalados socialmente sintiendo el rechazo y la hostilidad de los habitantes de la ciudad de Chrisminster, donde viven, viéndose obligados a estar en constante huida hasta que deciden regresar nuevamente a esta ciudad que era uno de los grades centros de cultura y enseñanza en la Inglaterra del siglo XIX. Con la alegría de haber conseguido un trabajo, la pareja regresa a su casa donde los dos niños pequeños estaban bajo el cuidado del mayor y el máximo horror se presenta, cuando al abrir la puerta del cuarto, consiguen al niño mayor ahorcado y los dos pequeños muertos en sus respectivas camas. Había una nota del niño mayor que decía: “Porque somos demasiados”, que fue la frase que la madre había dicho al niño cuando éste le había preguntado el día anterior ¿”Porqué nadie nos recibe ni nos dan hospedaje”?
Nos tropezamos con tragedias todos los días en las páginas de los periódicos; muchas de ellas son el tema de novelas y películas famosas. El ser humano está amenazado permanentemente por el dolor y la muerte pero eso forma parte de la condición humana. Duele saber que el mal sea capaz de provocar situaciones de pesadumbre y de horror infinito, destinos inmutables que hay que afrontar con la sabiduría que da la vida y la experiencia. La literatura, el cine y el arte universalizan la dimensión compleja y profunda del ser humano, temas infinitos que fluyen de la observación de la vida y de la reflexión sobre la existencia y el destino final de los seres humanos. ¿Cuánto de verdad hay en la literatura y en el cine? Son aproximaciones a la realidad y aunque es ficción, evocan situaciones y momentos trascendentes de la vida y del ser humano en su condición trágica de ser y de existir.


domingo, 9 de junio de 2013

Carlos Fuentes: ¿Cómo “vio” el Cine?


Carlos Fuentes (Panamá 11 de noviembre de 1928 – México, D.F., 15 de mayo de 2012), forma parte de la generación de escritores Latinoamericanos que sacudieron con sus obras, el ámbito cultural de la región y del mundo en los años 60 del siglo XX, constituyendo lo que se llamó “el boom de la literatura latinoamericana”. Son escritores que superaron la escritura realista de la narrativa regionalista e indigenista imperante en la literatura latinoamericana durante las tres primeras décadas del siglo XX. Algunos autores como Vicente Huidobro habían empezado a experimentar con nuevas técnicas narrativas y novedosos recursos formales. James Joyce, en el Ulises, introduce el monólogo interior que será asumido por muchos de nuestros narradores. Se producirán cambios fundamentales en la estructura narrativa, en el punto de vista del narrador, en el manejo del tiempo y el espacio y es notorio, la experimentación con el lenguaje.
En los años cuarenta sobresalen las figuras de Jorge Luis Borges, Bioy Casares, Miguel Angel Asturias, Agustín Yáñez, Ernesto Sábato y Alejo Carpentier.
La renovación continuará con otros escritores como Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y José Árguedas.
La consolidación de la nueva narrativa sucede en la década de 1960 el gran momento del “boom”, en el que muchos escritores se convierten en ganadores del Premio Biblioteca Breve que concedía la Editorial Española Seix Barral. La literatura Latinoamericana alcanza una gran popularidad a nivel mundial y se producirán numerosas ediciones y traducciones en diversas lenguas de obras como La Ciudad y Los Perros de Mario Vargas Llosa; Cambio de Piel de Carlos Fuentes; La Muerte de Artemio Cruz también de Carlos Fuentes; La Traición de Rita Hayworth de Manuel Puig; Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante; Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez; Rayuela de Cortázar; Sobre Héroes y Tumbas de Ernesto Sábato y muchas más.
En la nueva novela latinoamericana se ofrece una visión de la realidad, que sin dejar de contener los grandes problemas sociales, es poética y mítica a través de situaciones, tipos y lenguajes que trascienden los límites de lo local. Lo fundamental estriba, en que de una literatura documental se ha pasado a una literatura de denuncia social o preocupaciones ontológicas y filosóficas pero en la que juega un papel importantísimo, más que la trama narrativa en sí, el manejo del lenguaje con el que se crea una nueva realidad, un espacio para lo real, a través de un mito en el que se puede reconocer tanto la mitad oculta, pero no por ello menos verdadera de la vida, como el significado y la unidad del tiempo disperso. La novela es mito, lenguaje y estructura. Al ser cada uno de estos términos, es simultáneamente los otros dos.
En cualquiera de estos escritores está probada, no solo la vocación literaria, sino la dedicación entusiasta al oficio de escribir. Algunos son autores de pocas obras como Juan Rulfo o Ernesto Sábato, tan geniales que con esas pocas obras, ocupan un lugar preponderante en la narrativa universal; y otros, como Carlos Fuentes, que publicó numerosas obras y es considerado uno los grandes escritores de Latinoamérica y del mundo. Ganó numerosos premios nacionales e internacionales, fue Profesor Universitario de prestigiosas universidades y recibió la distinción de Doctor Honoris Causa por Universidades como Harvard, Cambridge y la U.N.A.M. También fue Miembro Honorario de la Real Academia de la Lengua y Embajador de México en Francia en 1975, cargo al que renunció dos años después por no estar de acuerdo con el nombramiento de Embajador de México en España, del Expresidente Díaz Ordaz.
Carlos Fuentes es autor de numerosas novelas entre las que vale la pena mencionar: La región más transparente (1958); Las buenas conciencias (1959); La muerte de Artemio Cruz (1962); Aura (1962); Zona sagrada (1967); Cambio de piel (1967); Terra Nostra (1975); Gringo viejo (1985); Instinto de Inez (2001); La silla del águila (2003); Federico en su balcón (2012), solo para citar algunas. Escribió además numerosos Relatos y Cuentos, Ensayos y cinco Obras de Teatro; otra faceta importante en su vida es la vinculación con el cine. Tuvo la experiencia de compartir con su padre, el Lic. Rafael Fuentes, la afición cinematográfica. Vieron juntos numerosas películas, y no le fue difícil incursionar en ese mundo, como guionista y crítico cinematográfico, firmando sus ensayos y críticas con el pseudónimo Fósforo II (nombre que Alfonso Reyes y Martin Luis Guzmán utilizaban cuando eran cronistas cinematográficos en España).
A Carlos Fuentes le tocó vivir la experiencia de conocer la cultura de diversos países en los que vivió por la circunstancia de que su padre fue Diplomático, de allí que su infancia la vivió en diversas capitales como Montevideo, Rio de Janeiro, Washington D.C., Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires. Aunque los veranos los pasaba en México, fue a los diez y seis años cuando se estableció allí y donde cursó los estudios de bachillerato en el Colegio México de la ciudad de México. Después se graduó en Leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en Economía en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra. En esa época de estudiante hacía Criticas Cinematográficas en los periódicos universitarios a partir de 1954 hasta 1956. Escribió guiones para numerosas películas pero su primera incursión como guionista fue propiciado por el productor Manuel Barbachano Ponce en la película El Gallo de Oro dirigida por Roberto Gavaldón en el año 1964 y que fue una adaptación hecha, junto con Gabriel García Márquez, de la novela corta homónima de Juan Rulfo. Para finales de ese año se convocó al Primer Concursó de Cine Experimental por el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y Carlos Fuentes, participó con dos proyectos: Los bien amados/Un alma pura (1965), según cuento homónimo de Carlos Fuentes de su libro Cantar de ciegos. Estuvo dirigida por Juan Ibáñez. El otro proyecto con el que participó tenia por nombre Amor Amor Amor / Las dos Elenas, cinta ganadora del 3er lugar, un film corto basado en su cuento homónimo y dirigida en 1964 por José Luis Ibáñez quien también dirigió Las dos cautivas basada también en una historia de Carlos Fuentes. Igualmente escribió el guión de la película Tiempo de Morir (1966) junto con García Márquez y dirigida por Arturo Ripstein y el guion de Pedro Páramo, adaptación que hizo con Carlos Velo, de la obra fundamental de Juan Rulfo, siendo el Director Manuel Barbachano Ponce en 1967. Hay otros guiones escritos por Carlos Fuentes, como el de la película Ignacio (adaptación de un Cuento de Juan Rulfo, 1975). El mexicano Juan Ibáñez filmó en 1965 Un Alma Pura y Sergio Olhovich filmo Muñeca Reina en 1972, y en 1988, Orlando Merino realizó el mediometraje Vieja Moralidad. Estas tres películas se basan en relatos homónimos de Fuentes de su libro Cantar de ciegos, también colaboró en el guion de la película Bajo el Volcán de Lowry que tendría un gran reparto: Jeanne Moreau, Richard Burton y Peter O´Toole. También fueron adaptadas algunas de sus obras por realizadores extranjeros: La bruja de amor (La Strega en amore) 1966, sobre la novela Aura dirigida y adaptada por Damiano Damiani; y Gringo Viejo (Old Gringo) 1988, dirigida por Luis Puenzo.
La relación de la literatura y el cine ha existido siempre a lo largo del tiempo. Muchas obras de Fuentes se convirtieron en películas; además de las ya nombradas, también su novela La Cabeza de la Hidra fue filmada en 1981, dirigida por el director mexicano Paul Leduc con el titulo Complot Petrolero y guion de Fuentes. Gringo Viejo fue filmado por el argentino Luis Puenzo en 1989 y no tuvo el éxito esperado. Fue también el autor del guion de la película ¿No oyes ladrar los perros? (1974) y Los Caifanes (1966), dirigida por Juan Ibáñez. Hay un guion que Fuentes y Carlos Monsiváis escribieron para Luis Buñuel: Una parodia del melodrama de la época de oro del cine mexicano, con Sara García, Marga López, Fernando Soler y Libertad Lamarque. También fue director junto con Héctor Casillas en el cortometraje Enigma compartido (1974) que participó en el Primer Festival del Cine Erótico (1974). En la película México, México. Soy México, dirigida por Francois Reichenbach (1965), el texto y la narración es de Carlos Fuentes.
Cabe destacar un hecho significativo de la biografía de Carlos Fuentes. Si el cine fue importante en su vida, animada esta afición por su padre, no menos importante es el vínculo que mantuvo con figuras destacadas del cine, como actores, productores y directores como Luis Buñuel y actrices como María Felix, cuya vida pudo haber inspirado la historia de la novela Zona Sagrada. También hay que señalar la relación amorosa que tuvo con la actriz norteamericana Jean Seberg quien es la inspiradora de la novela Diana o la Cazadora Solitaria. Esta artista fue la protagonista de la película Juana de Arco, dirigida por Otto Perminger (1957). También actuó en otras películas como Bonjour Tristesse, adaptación de la novela de Francoise Sagan; Al Final de la Escapada de Jean Luc Godard en la que actuó junto a Jean Paul Belmondo. También actuó en Lilith (1964) con Warren Beatty y en La Leyenda de la Ciudad Sin Nombre (1969) con Clint Eastwood y Lee Marvin. La novela de Fuentes, Diana o la Cazadora Solitaria, es una novela autobiográfica donde narra su relación con la actriz.
Cabe también destacar la relación de amistad con uno de los más famosos Directores del Cine Español: Luis Buñuel. En el libro Personas, publicado por Alfaguara en abril de 2012, Fuentes dedica un largo capítulo a su admirado Director. Cuenta que lo visitaba semanalmente, los viernes de 4 a 7, en la casa de Buñuel de la calle Félix Cuevas, mientras duró su estadía en México. Eran encuentros muy enriquecedores para ambos. Fuentes conoció el nombre de algunas de las novelas que a Buñuel le hubiera gustado filmar como El Egoísta, de Meredith, autor Inglés de la época Victoriana; Cumbres Borrascosas que sí fue filmada en 1954, en la que usó como única vez, un tema musical, en este caso El Tristan de Wagner; Jude, el oscuro de Thomás Jardi, novelista y poeta Ingles. Fuentes recuerda que iban juntos al cine y la admiración de Buñuel por directores como Fellini y Kubrick. Fuentes haces un magnífico estudio de Buñuel evocando su origen español, pues nació en Calanda, pequeño pueblo de Aragón en el año de 1900 y murió en México en 1983. Escribe sobre la pertenencia de Buñuel al movimiento surrealista y la realización, junto con Salvador Dalí, de su película surrealista: Un perro andaluz. En el ensayo, Fuentes no solo informa sobre las películas realizadas por Buñuel en México sino en otro lugares como España y Hollywood, profundizando en ellas y dando una interpretación de las mismas apoyándose en el conocimiento de la biografía y de la personalidad de Buñuel y ayudado por la vasta cultura cinematográfica y la capacidad como guionista y director de cine que tenia Fuentes. Escribe sobre historia de películas de Buñuel tan famosas como La Edad de Oro, tremendista y provocadora película que causó rechazo y escandalizó a gran parte de la sociedad. En Paris se prohibió la proyección de la película durando su censura hasta 1966. La etapa mexicana del director español está perfectamente analizada por Fuentes destacando la relación cine y religión, la circunstancia de la creación de las mejores películas, las características estructurales, la intención del director y las características estilísticas. Cuenta que el productor Oscar Dancingers trajo a Buñuel a México y lo puso a dirigir una película, Gran Casino o En el viejo Tampico con Meche Barba, Jorge Negrette y Libertad Lamarque. Dirigió una gran película, Los olvidados, donde con desnudo realismo se muestra la crueldad de la pobreza. Con esta película, Buñuel ganó La Palma de Oro en el Festival de Cannes y Fuentes recuerda, que siendo estudiante en la Escuela de Altos Estudios Internacionales en Ginebra, vio en un Cine Club, La Edad de Oro y Las Hurdes, siendo éste, un documental sobre esta región pobre y aislada de España. La anécdota es que anunciaron al comienzo de la proyección de las películas, que eran de un cineasta surrealista maldito, muerto durante la guerra de España. Fuentes dice que ante tal error, el levantó la mano e hizo la corrección que correspondía hacer. Otras películas que Fuentes considera notables de Buñuel, filmadas en México son: El (1953), una obra maestra que por su contenido y la actuación patológica del personaje (Arturo de Córdova) era usada por Jacques Lacan en la Universidad de Paris, al comienzo de su cursó de patología sexual. Otra obra maestra que Fuentes destaca en esta etapa mexicana de Buñuel es Nazarín (1958); Ensayo de un Crimen 1955, Robinson Crusoe 1952; y la mas buñuelesca de sus películas mexicanas El Ángel Exterminador 1962. Dice Fuentes: “Maravillosa fabula del encierro, fabulosa critica de la voluntad”. Fuentes es el conocedor de cine que presta su inteligencia y su cultura al oficio de escribir crítica cinematográfica sobre obras de Buñuel tan famosas y complejas como Viridiana, filmada en España en 1961; Bella de día (1967); Diario una recamarera; Ese oscuro objeto del deseo; El discreto encanto de la burguesía; El Fantasma de la Libertad. Un libro sobre cine que tenía proyectado Carlos Fuentes, se llamaría Pantallas de Plata en el que se proponía a hablar con mayor detenimiento de la etapa mexicana de Buñuel y del cine mexicano en general, del cual era un entusiasmado admirador.
En el año 1992 fue filmada Aura sobre la novela homónima de Carlos Fuentes, dirigida por Ana Lilia Soria Radilla y guión de la misma directora. Y en 1995, Lorena M.Parlee dirigió la película México con guión de Carlos Blanco Aquinaga basado en una selección de textos: Chilam Balam, Códice Florentino, de Carlos Fuentes.
Carlos Fuentes es un humanista Integral que escribió no solo textos de novelas, cuentos, obras de teatro y una ópera, sino también guiones y argumentos cimatograficos como lo hemos dicho anteriormente. En el cine y la Literatura la imaginación, nutrida por la realidad, crea otra realidad, la de la ficción, y si en la novela, está presente el lenguaje de los signos, en el cine los lenguajes son varios y todos los signos se unen para crear la obra de arte que conmueve y apasiona y Carlos Fuentes es uno de los grandes escritores que vivió apasionado por la creación de sus propias ficciones y por la magia del cine.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Selección de Poemas (2012)

 I
El lugar de las formas
en la espiral del tiempo,
todo igual en la vorágine,
los rostros se despiden
en las aceras del miedo
y el viento regresa
de la misma ausencia.  

II
Las olas quiebran su aliento
sobre mi cuerpo de arena,
una cascada de besos
se derrama lenta y larga
y huyen como las sombras
las penas de la mirada.


   III
Espejismos
grieta de incertidumbre
inútil espera.

Golpean las palabras
en el corazón del sueño,
persiste la realidad
con su dura corteza.


    IV
Desata la brisa
los cabellos de la noche
y la lluvia esparce
el aroma del café.

Herida de ausencia
beso el perfume de tu piel
en cada despedida.


   V
Respiro como nunca la nostalgia
y como nunca tengo la certeza
de tu ausencia.

Tus días terminaron
hace tiempo
mi dolor es apenas
un comienzo.


 VI
En el campo de la luna
los pájaros se han dormido,
la luz se quiebra en las hojas
que respiran en el agua.

El bosque es un ave negra
que se reclina en mi sueño
y una luciérnaga brilla
para alumbrar a las ánimas


   VII
Cenizas desplegadas
            en el viento
arrancadas del árbol
                moribundo,
cuerpo carcomido por el tiempo
sin pájaros
                sin nidos,
ninguna melodía
                acaricia las hojas
                          calcinadas.


        VIII
Rayos de angustia
se cruzan en la mente,
la duda se agiganta,
un tren avanza
en la niebla de la noche
como un sonámbulo perdido
en las redes del destino


         IX
El sol derrite las orillas
solo la luz quiebra el silencio,
el patio brilla
un hilo de agua
dibuja los bordes de la vida.



          X
Latidos de la noche
en los pasillos de luna,
una gota intermitente
derrumba las paredes,
crujen las ataduras,
la vida se desliza
como un río de llamas
que nace en la penumbra.

          XI
Charlas de enamorados,
encuentros clandestinos,
una copa abandonada.
Asciendo a tu deseo
como ola temblorosa
derramada por el viento.
Sacerdotisa de la noche
derrama esencias
en los cuerpos abrazados.


     XII
Subió el aroma de la hierba
hasta mi cuarto,
tus manos
se enredaban con el viento
que acariciaba
mi rostro
lentamente.


  XIII
Huellas del pasado
gravitan en mi mente,
no hay un solo día
que no agonice
por tu ausencia,
sólo espero encontrarte,
después de tanto tiempo,
en los ojos de otros niños
sabiendo que me miras
sin mirarte.
    XIV
El río se devuelve
en el sentido de mi cuerpo,
busca la orilla circular
de la simiente,
húmeda quietud,
arena y musgo
en el lecho oscuro
del fondo del abismo


              XV
Ofrendo
el humo del incienso,
imploro al sol recién nacido,
mas todo es inútil
las trampas del tiempo
borran la memoria
y en una noche larga
se consume la vida.

          XVI
Hilos de agua,
empujan las tinieblas,
inciertas puertas
permanecen cerradas,
los rostros
se burlan de los sueños,
las piezas de nácar
se desploman
y sólo hacen ruido
en el corazón del hombre.

            
             XVII
Avanza el miedo
hasta el borde del grito.
La montaña
es una puerta cerrada
que la angustia golpea,
los pies se hunden
en el círculo del agua,
la lluvia continúa
como una oración
de los tallos sepultados.

          XVIII
Flores moradas
dispersas en la tierra,
piedras solitarias
con despojos del mar
En sus orillas.
El árbol de la vida
permanece en el centro de la casa,
me inclino
por el borde de las hojas
y contemplo el paso de los días.
Nuevos ramos
se confunden con el viento,
nuevos rostros se reflejan
en espejos de su tallo.


        XIX
Cuando la furia del viento
aniquila las palabras
en sombras como cuchillos
todo desaparece.
Solo queda una muchacha
asomada a la ventana
mirando al mar como a un lienzo
donde las olas se mueren.

Busco huellas de los  nombres
en las ruinas del pasado,
sólo quedan los espejos,
el reflejo de los sueños,
cenizas en la  mirada
            
     XX
Traición de las palabras
Diálogo imposible.

Oscuro ángulo
para la pequeñez desmesurada.

Los minutos de la huída
hasta el fondo del silencio
se alargan como un puente
para llegar a la orilla.

Estaré a salvo
En los confines del sueño.



XXI
En cascadas de luz
se derrumba la tarde.

El rostro es un enigma,
grises sombras
se descuelgan de los árboles,
grises sombras
se anidan en el pecho.

Silencio de pájaros dormidos
penetra hasta el fondo de los huesos,
la tristeza es un lago
de sombras y silencios. 


Por Lilia Boscán de Lombardi

La soledad como camino espiritual


Prólogo a la Antología Poética
Puerto de sombras de Lilia Boscán de Lombardi, por Graciela Maturo


La soledad, signo de la vida interior, acompaña a Lilia Boscán desde los inicios de su escritura poética. He conocido sus libros antes de verlos reunidos en esta obra que pone de manifiesto la singularidad de su voz poética, tocada por la melancolía. Según ella misma nos ha contado, publicó sus poemas en diversas revistas hasta reunir su primer libro, Voces de la memoria, en 1995. Siguieron a éste Surco de origen (2000), En el corazón del vértigo (2002) y Desde el signo que me nombra (2008), reeditados recientemente y reunidos en esta antología juntamente con Letra herida, un libro hasta ahora inédito. Todo lector advertirá la continuidad y unidad profunda de esas obras.
De la primera a la última página se percibe la presencia de un yo en vigilia, consciente de sí, tratando de dominar su afectividad doliente. Un yo que asume una actitud estoica sumando su dolor al dolor del mundo, pero confiando a la vez en el poder redentor del sueño, la imaginación, la palabra. Esa fidelidad al destino poético es vía de salvación e iluminación que se comunica al lector por la vía indirecta de la belleza.
Dibujos en la arena”, “pasos fríos en la noche,” forman el itinerario de esta vida marcada por el sufrimiento y la incomprensibilidad del estar vivo. Duelos y ausencias intensifican al menos en dos momentos ese dolor persistente: la ausencia del padre y la madre, en el primer libro, la pérdida de la hija pequeña - Lilia Carolina - en los últimos.
Lilia elige un tono apagado, alejado del brillo y el énfasis. En el suelto discurso de su habla poética se marcan a veces los ritmos del romance octosílabo o heptasílabo, como asimismo algunos aires de fuga que repiten un pie rítmico de cuatro sílabas, o endecasílabos sueltos. El resultado es un decir de cierta musicalidad suavemente señalada.
Su léxico es amplio, y frecuenta la gama de los tonos oscuros prefiriendo voces como lluvia, neblina, abismo, noche, sombra, nube, viento, que configuran un paisaje nocturnal acorde con un temple de ánimo inclinado a la soledad, el silencio y el recogimiento. La creadora apela a las imágenes elementales del aire y el agua, buscando la levedad de lo inconsútil, la fluidez de lo inasible.
La pregunta se instala a menudo en este decir poético como el reclamo lírico del ser arrojado en el mundo, que busca afanosamente el sentido del todo.
La rememoración irrumpe en el presente con su carga de afectividad, deteniendo hasta cierto punto al tiempo que transcurre con monotonía. Siente la autora el peso espiritual de la reminiscencia y la aplica al rescate de los seres amados, de lugares y momentos vividos. Valora la palabra como cauce de la interioridad y también como arcano que se abre en el fluir de los días, guiando los pasos del solitario.
Algo de plegaria se instala en este discurso sensitivo y tenaz que lucha contra el olvido y el sinsentido. Los leves poemas de Lilia Boscán descubren las inflexiones del ánimo en espera, habitado por el miedo, el ansia de inmortalidad, los nidos o refugios de la memoria que se constituyen en baluartes frente a la implacable entropía que destruye los cuerpos. La muerte se torna omnipresente.

Tanta muerte grabada
en las piedras, en el agua

El alma solitaria penetra en un bosque con peldaños de acero. Su visión del entorno se halla traspasada por la subjetividad anhelante y dolida. Se trata de una poesía que sugiere más que describir; podemos hallar en ella continuas referencias a casas deshabitadas, árboles que se deshojan, aguas cansadas, con gestos que acompañan la caída y otros que intentan de algún modo la reordenación, el rescate.
Prevalecen las imágenes del vacío y la desolación, ante los cuales el alma despliega con heroísmo su batalla silenciosa. Por momentos percibimos cierto clima onírico en que se borran los límites de vida y muerte.

El tiempo se deshoja lentamente
y nadie sabe el camino de los muertos.

El hilo desplegado une los fragmentos
y encuentras el origen.

La muerte se muestra como realidad cotidiana y acaso como perfección del mundo corruptible. Lilia ama los estados crepusculares, la penumbra del amanecer o el anochecer; prefiere transitar esas zonas de frontera que remiten a la muerte o el sueño. Registra instantes fugaces, que parecen cargarse de significación a través de la afectividad que los traspasa.

Nubes amarillas se alejan lentamente
arrastrando los fragmentos de mi vida

La presencia del yo y sus derivaciones asegura la continuidad subjetiva del discurso y le confiere unidad. Nos es dado asistir a los avatares de un alma ansiosa de sentido y origen, tocada por una vocación metafísica irrenunciable. Ella, perdida en el laberinto, intenta coordinar vida y muerte, vida y sueño, en una búsqueda que adquiere tonos universales.

Agua del origen
surco de origen
misterio del hombre.

Mi aliento deja su huella
en los castillos del aire.

Camino sola
sobre restos de caracol
sobre ruinas de recuerdos.

Se perfila en los poemas de Lilia Boscán un camino de introspección conducente al conocimiento profundo del ser. Busca su propio rostro… Porque mi rostro es apenas una huella deshojada en los círculos del agua. Reconoce los hitos iniciáticos de su andadura solitaria, los signos del vivir, el morir y el renacer, en suma el sello de la inmortalidad impreso en la criatura humana, sin que esto alcance a borrar su fragilidad y desamparo:

con ganas de vivir
un poco más
con los muertos
de la tierra.
……….

nacer varias veces
de la misma herida
……….
Amantes en una roca
como dioses inmortales.
…………..

Signos milenarios
grabados por los dioses
en el altar del viento y la ceniza.

Se ve extraña de oficio, naciendo entre las manos del amante, reinventando su propio rostro. Esa búsqueda del propio rostro, que es signo del descubrimiento del ser como núcleo de la persona, conduce a la extra-posición, la mirada desde afuera: observo mi cuerpo ajeno. Desde esa mirada se es capaz de asistir al derrumbe de la propia vida, tomando conciencia de la disolución de lo aparente. Tomo algunos ejemplos:

Y yo, un náufrago en medio de la nada…

……..
Se inmola la vida
en altares de hierba

¿Soy yo
o es la otra
que me habita?
…….
Me llamo
me nombro
abrazo mi dolor
de semilla desterrada

La idea de exilio en el mundo, que es una idea gnóstica, ha penetrado también en la tradición cristiana, y lo ha hecho especialmente a través de los poetas, como puede verse en autores de diversas épocas. En Lilia Boscán, como en el argentino Ricardo E. Molinari, aparece esta idea del hombre en orfandad, exiliado del Reino.
Asoma en la poeta la conciencia del propio error y errar mundano. Las palabras respiran incertidumbre. Vuelve una y otra vez la nota de la palabra herida, el sol cansado, mostrando una situación de naufragio.
El viento, imagen simbólica del espíritu, es una constante del mundo imaginario de Lilia Boscán. Es una presencia fuerte que remite a lo numinoso y oculto, pero también se revela como implacable y cruel.

el viento arrastra
el lamento de los muertos

el viento continúa
alisando piedras

doblando mi cuerpo
sin ningún acuerdo establecido.

La poesía, entendida como rito y ceremonia, nombra lo apenas entrevisto o presentido, el lado oculto de la realidad. Golpean las palabras en el corazón del sueño… ..El mundo es una hoguera, una tumba que espera…., como si un velo de neblina cubriera la realidad de los objetos.

Desfilan las nubes
vestidas de luto
y los rostros lloran
frente a la ventana
…………
El mar es un camino
incierto al infinito

Todo desaparece
…………
el sol se eclipsa
en un campo de sombras.


La ausencia infinita marca la poesía de Lilia Boscán y le confiere un tono fuertemente elegíaco. Poesía eminentemente subjetiva, animiza la naturaleza, extiende lo concreto hacia lo invisible. Llora el devenir del tiempo irrecuperable; sólo en ciertos momentos la intuición de eternidad logra calmar los tonos de la angustia, y alcanzar la serenidad de lo bello:

Vigilia de los astros,
raíces de luna
en la simiente del la noche,
cristal tallado por los días,
penumbra de pájaro dormido
en las aguas del origen.

pétalos de sombra
se anidan en mi pecho.

La autora describe situaciones reales y a la vez metafísicas, que entrecruzan redes de sentido en el mundo real, aparentemente indiferente. Comunica la sensación de sentirse atrapada en una red oculta. Su palabra, que adquiere tonalidades proféticas, da cuenta de un mundo que declina e instala revelaciones apocalípticas. Se ve a sí misma en ese mundo tocado por la irreversible caída de la materia. Voces, visiones vagas, escenas de amor miradas desde afuera, desfilan en sus poemas finales. El dolor, las pérdidas personales, se suman a esta percepción de la ausencia, pero no se trata tan sólo de un dolor personal, trasciende de él un reclamo existencial por la condición humana.
En muchos casos el yo resulta elidido, reemplazado por un modo presentativo aparentemente impersonal, nominal. Así se presentan paisajes irreales, oníricos, lunares, y la mirada percibe la circularidad del tiempo, río que vuelve. La imaginación y el sentimiento se apoderan a menudo del discurso. La crueldad del mundo, que condena a los hombres, justifica el recogimiento, la intimidad con el río, la lluvia, el árbol.

los hombres, ciegos, indefensos
con la muerte a su lado, cabalgando
……………

la fila de los condenados
…………….

El poetizar de Lilia Boscán recoge momentos fugaces de esplendor. Vive el acto de la palabra como ofrenda y rito, acaso un rito salvaje y escondido que va dejando un surco en el alma, transformando el caos en cosmos, dando lugar a un ser dolorosamente renovado. El sueño es la frontera del tiempo, los espejos-rostros son guías hacia el misterio.

Grandiosa unidad
de las mareas,
desmesurado esfuerzo
de los astros
……….

En cascadas de luz /
se derrumba
la tarde
…….
niebla, bosque de silencio
montaña herida
mar llorando.

El dolor de la pérdida la remonta a su destino total, su infancia, su vocación materna. Se imponen las imágenes del ciervo herido, el árbol de neblina. Frente al núcleo sagrado de la infancia se perfilan escenarios de simulacro, máscaras ante las cuales

el alma se refugia
en el último silencio


La autora va imponiendo delicadamente una imagen de sí misma, la de una mujer en la ventana mirando el cielo, las nubes. Esa mujer heroica, asomada al mundo, registra sus remembranzas, conoce los peligros y la alegría del abismo, intuye su realización metafísica. Su palabra, que parece surgida de un pacto con el silencio, quiere ser apenas audible, guardar la riqueza de las horas calladas.
Podría hallarse en estos poemas cierta marca surrealista constatable en su inclinación a la imagen, su atención al sueño y el azar, su entrega a una realidad sin límites. Pero prefiero considerarlos ajenos a las modas de la época y atribuir ese “superrealismo” a cierto cristianismo gnóstico, ciertamente redescubierto por varios surrealistas. En ese decir hay un culto de la imagen que aparece esporádicamente como cuando dice, en un perfecto endecasílabo: un barco anclado en un jardín de flores. o en este otro ejemplo: Nubes como un cortejo de flores azules…

La voz profética adelanta su convicción de la caducidad de lo visible, su fe en la palabra, su afirmación de la nocturnidad salvífica, que se expresa de diversos modos.

El cielo se oscurece,
la noche avanza.
………

me volveré arena
y nave de silencio
………
Estaré a salvo
En los confines del sueño.
…….
Segundo nacimiento
en un bosque de palabras


La poesía de Lilia Boscán es un canto solitario que se contrapone al ruido del mundo; una ofrenda que incendia las palabras para transformar el dolor en belleza. Podríamos decirlo con una de sus bellas imágenes:

Un bosque
navegando en la intemperie





Graciela Maturo
Buenos Aires, 23 de noviembre de 2009.