domingo, 9 de junio de 2013

Carlos Fuentes: ¿Cómo “vio” el Cine?


Carlos Fuentes (Panamá 11 de noviembre de 1928 – México, D.F., 15 de mayo de 2012), forma parte de la generación de escritores Latinoamericanos que sacudieron con sus obras, el ámbito cultural de la región y del mundo en los años 60 del siglo XX, constituyendo lo que se llamó “el boom de la literatura latinoamericana”. Son escritores que superaron la escritura realista de la narrativa regionalista e indigenista imperante en la literatura latinoamericana durante las tres primeras décadas del siglo XX. Algunos autores como Vicente Huidobro habían empezado a experimentar con nuevas técnicas narrativas y novedosos recursos formales. James Joyce, en el Ulises, introduce el monólogo interior que será asumido por muchos de nuestros narradores. Se producirán cambios fundamentales en la estructura narrativa, en el punto de vista del narrador, en el manejo del tiempo y el espacio y es notorio, la experimentación con el lenguaje.
En los años cuarenta sobresalen las figuras de Jorge Luis Borges, Bioy Casares, Miguel Angel Asturias, Agustín Yáñez, Ernesto Sábato y Alejo Carpentier.
La renovación continuará con otros escritores como Juan Rulfo, Juan Carlos Onetti, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y José Árguedas.
La consolidación de la nueva narrativa sucede en la década de 1960 el gran momento del “boom”, en el que muchos escritores se convierten en ganadores del Premio Biblioteca Breve que concedía la Editorial Española Seix Barral. La literatura Latinoamericana alcanza una gran popularidad a nivel mundial y se producirán numerosas ediciones y traducciones en diversas lenguas de obras como La Ciudad y Los Perros de Mario Vargas Llosa; Cambio de Piel de Carlos Fuentes; La Muerte de Artemio Cruz también de Carlos Fuentes; La Traición de Rita Hayworth de Manuel Puig; Tres Tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante; Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez; Rayuela de Cortázar; Sobre Héroes y Tumbas de Ernesto Sábato y muchas más.
En la nueva novela latinoamericana se ofrece una visión de la realidad, que sin dejar de contener los grandes problemas sociales, es poética y mítica a través de situaciones, tipos y lenguajes que trascienden los límites de lo local. Lo fundamental estriba, en que de una literatura documental se ha pasado a una literatura de denuncia social o preocupaciones ontológicas y filosóficas pero en la que juega un papel importantísimo, más que la trama narrativa en sí, el manejo del lenguaje con el que se crea una nueva realidad, un espacio para lo real, a través de un mito en el que se puede reconocer tanto la mitad oculta, pero no por ello menos verdadera de la vida, como el significado y la unidad del tiempo disperso. La novela es mito, lenguaje y estructura. Al ser cada uno de estos términos, es simultáneamente los otros dos.
En cualquiera de estos escritores está probada, no solo la vocación literaria, sino la dedicación entusiasta al oficio de escribir. Algunos son autores de pocas obras como Juan Rulfo o Ernesto Sábato, tan geniales que con esas pocas obras, ocupan un lugar preponderante en la narrativa universal; y otros, como Carlos Fuentes, que publicó numerosas obras y es considerado uno los grandes escritores de Latinoamérica y del mundo. Ganó numerosos premios nacionales e internacionales, fue Profesor Universitario de prestigiosas universidades y recibió la distinción de Doctor Honoris Causa por Universidades como Harvard, Cambridge y la U.N.A.M. También fue Miembro Honorario de la Real Academia de la Lengua y Embajador de México en Francia en 1975, cargo al que renunció dos años después por no estar de acuerdo con el nombramiento de Embajador de México en España, del Expresidente Díaz Ordaz.
Carlos Fuentes es autor de numerosas novelas entre las que vale la pena mencionar: La región más transparente (1958); Las buenas conciencias (1959); La muerte de Artemio Cruz (1962); Aura (1962); Zona sagrada (1967); Cambio de piel (1967); Terra Nostra (1975); Gringo viejo (1985); Instinto de Inez (2001); La silla del águila (2003); Federico en su balcón (2012), solo para citar algunas. Escribió además numerosos Relatos y Cuentos, Ensayos y cinco Obras de Teatro; otra faceta importante en su vida es la vinculación con el cine. Tuvo la experiencia de compartir con su padre, el Lic. Rafael Fuentes, la afición cinematográfica. Vieron juntos numerosas películas, y no le fue difícil incursionar en ese mundo, como guionista y crítico cinematográfico, firmando sus ensayos y críticas con el pseudónimo Fósforo II (nombre que Alfonso Reyes y Martin Luis Guzmán utilizaban cuando eran cronistas cinematográficos en España).
A Carlos Fuentes le tocó vivir la experiencia de conocer la cultura de diversos países en los que vivió por la circunstancia de que su padre fue Diplomático, de allí que su infancia la vivió en diversas capitales como Montevideo, Rio de Janeiro, Washington D.C., Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires. Aunque los veranos los pasaba en México, fue a los diez y seis años cuando se estableció allí y donde cursó los estudios de bachillerato en el Colegio México de la ciudad de México. Después se graduó en Leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en Economía en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra. En esa época de estudiante hacía Criticas Cinematográficas en los periódicos universitarios a partir de 1954 hasta 1956. Escribió guiones para numerosas películas pero su primera incursión como guionista fue propiciado por el productor Manuel Barbachano Ponce en la película El Gallo de Oro dirigida por Roberto Gavaldón en el año 1964 y que fue una adaptación hecha, junto con Gabriel García Márquez, de la novela corta homónima de Juan Rulfo. Para finales de ese año se convocó al Primer Concursó de Cine Experimental por el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica y Carlos Fuentes, participó con dos proyectos: Los bien amados/Un alma pura (1965), según cuento homónimo de Carlos Fuentes de su libro Cantar de ciegos. Estuvo dirigida por Juan Ibáñez. El otro proyecto con el que participó tenia por nombre Amor Amor Amor / Las dos Elenas, cinta ganadora del 3er lugar, un film corto basado en su cuento homónimo y dirigida en 1964 por José Luis Ibáñez quien también dirigió Las dos cautivas basada también en una historia de Carlos Fuentes. Igualmente escribió el guión de la película Tiempo de Morir (1966) junto con García Márquez y dirigida por Arturo Ripstein y el guion de Pedro Páramo, adaptación que hizo con Carlos Velo, de la obra fundamental de Juan Rulfo, siendo el Director Manuel Barbachano Ponce en 1967. Hay otros guiones escritos por Carlos Fuentes, como el de la película Ignacio (adaptación de un Cuento de Juan Rulfo, 1975). El mexicano Juan Ibáñez filmó en 1965 Un Alma Pura y Sergio Olhovich filmo Muñeca Reina en 1972, y en 1988, Orlando Merino realizó el mediometraje Vieja Moralidad. Estas tres películas se basan en relatos homónimos de Fuentes de su libro Cantar de ciegos, también colaboró en el guion de la película Bajo el Volcán de Lowry que tendría un gran reparto: Jeanne Moreau, Richard Burton y Peter O´Toole. También fueron adaptadas algunas de sus obras por realizadores extranjeros: La bruja de amor (La Strega en amore) 1966, sobre la novela Aura dirigida y adaptada por Damiano Damiani; y Gringo Viejo (Old Gringo) 1988, dirigida por Luis Puenzo.
La relación de la literatura y el cine ha existido siempre a lo largo del tiempo. Muchas obras de Fuentes se convirtieron en películas; además de las ya nombradas, también su novela La Cabeza de la Hidra fue filmada en 1981, dirigida por el director mexicano Paul Leduc con el titulo Complot Petrolero y guion de Fuentes. Gringo Viejo fue filmado por el argentino Luis Puenzo en 1989 y no tuvo el éxito esperado. Fue también el autor del guion de la película ¿No oyes ladrar los perros? (1974) y Los Caifanes (1966), dirigida por Juan Ibáñez. Hay un guion que Fuentes y Carlos Monsiváis escribieron para Luis Buñuel: Una parodia del melodrama de la época de oro del cine mexicano, con Sara García, Marga López, Fernando Soler y Libertad Lamarque. También fue director junto con Héctor Casillas en el cortometraje Enigma compartido (1974) que participó en el Primer Festival del Cine Erótico (1974). En la película México, México. Soy México, dirigida por Francois Reichenbach (1965), el texto y la narración es de Carlos Fuentes.
Cabe destacar un hecho significativo de la biografía de Carlos Fuentes. Si el cine fue importante en su vida, animada esta afición por su padre, no menos importante es el vínculo que mantuvo con figuras destacadas del cine, como actores, productores y directores como Luis Buñuel y actrices como María Felix, cuya vida pudo haber inspirado la historia de la novela Zona Sagrada. También hay que señalar la relación amorosa que tuvo con la actriz norteamericana Jean Seberg quien es la inspiradora de la novela Diana o la Cazadora Solitaria. Esta artista fue la protagonista de la película Juana de Arco, dirigida por Otto Perminger (1957). También actuó en otras películas como Bonjour Tristesse, adaptación de la novela de Francoise Sagan; Al Final de la Escapada de Jean Luc Godard en la que actuó junto a Jean Paul Belmondo. También actuó en Lilith (1964) con Warren Beatty y en La Leyenda de la Ciudad Sin Nombre (1969) con Clint Eastwood y Lee Marvin. La novela de Fuentes, Diana o la Cazadora Solitaria, es una novela autobiográfica donde narra su relación con la actriz.
Cabe también destacar la relación de amistad con uno de los más famosos Directores del Cine Español: Luis Buñuel. En el libro Personas, publicado por Alfaguara en abril de 2012, Fuentes dedica un largo capítulo a su admirado Director. Cuenta que lo visitaba semanalmente, los viernes de 4 a 7, en la casa de Buñuel de la calle Félix Cuevas, mientras duró su estadía en México. Eran encuentros muy enriquecedores para ambos. Fuentes conoció el nombre de algunas de las novelas que a Buñuel le hubiera gustado filmar como El Egoísta, de Meredith, autor Inglés de la época Victoriana; Cumbres Borrascosas que sí fue filmada en 1954, en la que usó como única vez, un tema musical, en este caso El Tristan de Wagner; Jude, el oscuro de Thomás Jardi, novelista y poeta Ingles. Fuentes recuerda que iban juntos al cine y la admiración de Buñuel por directores como Fellini y Kubrick. Fuentes haces un magnífico estudio de Buñuel evocando su origen español, pues nació en Calanda, pequeño pueblo de Aragón en el año de 1900 y murió en México en 1983. Escribe sobre la pertenencia de Buñuel al movimiento surrealista y la realización, junto con Salvador Dalí, de su película surrealista: Un perro andaluz. En el ensayo, Fuentes no solo informa sobre las películas realizadas por Buñuel en México sino en otro lugares como España y Hollywood, profundizando en ellas y dando una interpretación de las mismas apoyándose en el conocimiento de la biografía y de la personalidad de Buñuel y ayudado por la vasta cultura cinematográfica y la capacidad como guionista y director de cine que tenia Fuentes. Escribe sobre historia de películas de Buñuel tan famosas como La Edad de Oro, tremendista y provocadora película que causó rechazo y escandalizó a gran parte de la sociedad. En Paris se prohibió la proyección de la película durando su censura hasta 1966. La etapa mexicana del director español está perfectamente analizada por Fuentes destacando la relación cine y religión, la circunstancia de la creación de las mejores películas, las características estructurales, la intención del director y las características estilísticas. Cuenta que el productor Oscar Dancingers trajo a Buñuel a México y lo puso a dirigir una película, Gran Casino o En el viejo Tampico con Meche Barba, Jorge Negrette y Libertad Lamarque. Dirigió una gran película, Los olvidados, donde con desnudo realismo se muestra la crueldad de la pobreza. Con esta película, Buñuel ganó La Palma de Oro en el Festival de Cannes y Fuentes recuerda, que siendo estudiante en la Escuela de Altos Estudios Internacionales en Ginebra, vio en un Cine Club, La Edad de Oro y Las Hurdes, siendo éste, un documental sobre esta región pobre y aislada de España. La anécdota es que anunciaron al comienzo de la proyección de las películas, que eran de un cineasta surrealista maldito, muerto durante la guerra de España. Fuentes dice que ante tal error, el levantó la mano e hizo la corrección que correspondía hacer. Otras películas que Fuentes considera notables de Buñuel, filmadas en México son: El (1953), una obra maestra que por su contenido y la actuación patológica del personaje (Arturo de Córdova) era usada por Jacques Lacan en la Universidad de Paris, al comienzo de su cursó de patología sexual. Otra obra maestra que Fuentes destaca en esta etapa mexicana de Buñuel es Nazarín (1958); Ensayo de un Crimen 1955, Robinson Crusoe 1952; y la mas buñuelesca de sus películas mexicanas El Ángel Exterminador 1962. Dice Fuentes: “Maravillosa fabula del encierro, fabulosa critica de la voluntad”. Fuentes es el conocedor de cine que presta su inteligencia y su cultura al oficio de escribir crítica cinematográfica sobre obras de Buñuel tan famosas y complejas como Viridiana, filmada en España en 1961; Bella de día (1967); Diario una recamarera; Ese oscuro objeto del deseo; El discreto encanto de la burguesía; El Fantasma de la Libertad. Un libro sobre cine que tenía proyectado Carlos Fuentes, se llamaría Pantallas de Plata en el que se proponía a hablar con mayor detenimiento de la etapa mexicana de Buñuel y del cine mexicano en general, del cual era un entusiasmado admirador.
En el año 1992 fue filmada Aura sobre la novela homónima de Carlos Fuentes, dirigida por Ana Lilia Soria Radilla y guión de la misma directora. Y en 1995, Lorena M.Parlee dirigió la película México con guión de Carlos Blanco Aquinaga basado en una selección de textos: Chilam Balam, Códice Florentino, de Carlos Fuentes.
Carlos Fuentes es un humanista Integral que escribió no solo textos de novelas, cuentos, obras de teatro y una ópera, sino también guiones y argumentos cimatograficos como lo hemos dicho anteriormente. En el cine y la Literatura la imaginación, nutrida por la realidad, crea otra realidad, la de la ficción, y si en la novela, está presente el lenguaje de los signos, en el cine los lenguajes son varios y todos los signos se unen para crear la obra de arte que conmueve y apasiona y Carlos Fuentes es uno de los grandes escritores que vivió apasionado por la creación de sus propias ficciones y por la magia del cine.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Selección de Poemas (2012)

 I
El lugar de las formas
en la espiral del tiempo,
todo igual en la vorágine,
los rostros se despiden
en las aceras del miedo
y el viento regresa
de la misma ausencia.  

II
Las olas quiebran su aliento
sobre mi cuerpo de arena,
una cascada de besos
se derrama lenta y larga
y huyen como las sombras
las penas de la mirada.


   III
Espejismos
grieta de incertidumbre
inútil espera.

Golpean las palabras
en el corazón del sueño,
persiste la realidad
con su dura corteza.


    IV
Desata la brisa
los cabellos de la noche
y la lluvia esparce
el aroma del café.

Herida de ausencia
beso el perfume de tu piel
en cada despedida.


   V
Respiro como nunca la nostalgia
y como nunca tengo la certeza
de tu ausencia.

Tus días terminaron
hace tiempo
mi dolor es apenas
un comienzo.


 VI
En el campo de la luna
los pájaros se han dormido,
la luz se quiebra en las hojas
que respiran en el agua.

El bosque es un ave negra
que se reclina en mi sueño
y una luciérnaga brilla
para alumbrar a las ánimas


   VII
Cenizas desplegadas
            en el viento
arrancadas del árbol
                moribundo,
cuerpo carcomido por el tiempo
sin pájaros
                sin nidos,
ninguna melodía
                acaricia las hojas
                          calcinadas.


        VIII
Rayos de angustia
se cruzan en la mente,
la duda se agiganta,
un tren avanza
en la niebla de la noche
como un sonámbulo perdido
en las redes del destino


         IX
El sol derrite las orillas
solo la luz quiebra el silencio,
el patio brilla
un hilo de agua
dibuja los bordes de la vida.



          X
Latidos de la noche
en los pasillos de luna,
una gota intermitente
derrumba las paredes,
crujen las ataduras,
la vida se desliza
como un río de llamas
que nace en la penumbra.

          XI
Charlas de enamorados,
encuentros clandestinos,
una copa abandonada.
Asciendo a tu deseo
como ola temblorosa
derramada por el viento.
Sacerdotisa de la noche
derrama esencias
en los cuerpos abrazados.


     XII
Subió el aroma de la hierba
hasta mi cuarto,
tus manos
se enredaban con el viento
que acariciaba
mi rostro
lentamente.


  XIII
Huellas del pasado
gravitan en mi mente,
no hay un solo día
que no agonice
por tu ausencia,
sólo espero encontrarte,
después de tanto tiempo,
en los ojos de otros niños
sabiendo que me miras
sin mirarte.
    XIV
El río se devuelve
en el sentido de mi cuerpo,
busca la orilla circular
de la simiente,
húmeda quietud,
arena y musgo
en el lecho oscuro
del fondo del abismo


              XV
Ofrendo
el humo del incienso,
imploro al sol recién nacido,
mas todo es inútil
las trampas del tiempo
borran la memoria
y en una noche larga
se consume la vida.

          XVI
Hilos de agua,
empujan las tinieblas,
inciertas puertas
permanecen cerradas,
los rostros
se burlan de los sueños,
las piezas de nácar
se desploman
y sólo hacen ruido
en el corazón del hombre.

            
             XVII
Avanza el miedo
hasta el borde del grito.
La montaña
es una puerta cerrada
que la angustia golpea,
los pies se hunden
en el círculo del agua,
la lluvia continúa
como una oración
de los tallos sepultados.

          XVIII
Flores moradas
dispersas en la tierra,
piedras solitarias
con despojos del mar
En sus orillas.
El árbol de la vida
permanece en el centro de la casa,
me inclino
por el borde de las hojas
y contemplo el paso de los días.
Nuevos ramos
se confunden con el viento,
nuevos rostros se reflejan
en espejos de su tallo.


        XIX
Cuando la furia del viento
aniquila las palabras
en sombras como cuchillos
todo desaparece.
Solo queda una muchacha
asomada a la ventana
mirando al mar como a un lienzo
donde las olas se mueren.

Busco huellas de los  nombres
en las ruinas del pasado,
sólo quedan los espejos,
el reflejo de los sueños,
cenizas en la  mirada
            
     XX
Traición de las palabras
Diálogo imposible.

Oscuro ángulo
para la pequeñez desmesurada.

Los minutos de la huída
hasta el fondo del silencio
se alargan como un puente
para llegar a la orilla.

Estaré a salvo
En los confines del sueño.



XXI
En cascadas de luz
se derrumba la tarde.

El rostro es un enigma,
grises sombras
se descuelgan de los árboles,
grises sombras
se anidan en el pecho.

Silencio de pájaros dormidos
penetra hasta el fondo de los huesos,
la tristeza es un lago
de sombras y silencios. 


Por Lilia Boscán de Lombardi

La soledad como camino espiritual


Prólogo a la Antología Poética
Puerto de sombras de Lilia Boscán de Lombardi, por Graciela Maturo


La soledad, signo de la vida interior, acompaña a Lilia Boscán desde los inicios de su escritura poética. He conocido sus libros antes de verlos reunidos en esta obra que pone de manifiesto la singularidad de su voz poética, tocada por la melancolía. Según ella misma nos ha contado, publicó sus poemas en diversas revistas hasta reunir su primer libro, Voces de la memoria, en 1995. Siguieron a éste Surco de origen (2000), En el corazón del vértigo (2002) y Desde el signo que me nombra (2008), reeditados recientemente y reunidos en esta antología juntamente con Letra herida, un libro hasta ahora inédito. Todo lector advertirá la continuidad y unidad profunda de esas obras.
De la primera a la última página se percibe la presencia de un yo en vigilia, consciente de sí, tratando de dominar su afectividad doliente. Un yo que asume una actitud estoica sumando su dolor al dolor del mundo, pero confiando a la vez en el poder redentor del sueño, la imaginación, la palabra. Esa fidelidad al destino poético es vía de salvación e iluminación que se comunica al lector por la vía indirecta de la belleza.
Dibujos en la arena”, “pasos fríos en la noche,” forman el itinerario de esta vida marcada por el sufrimiento y la incomprensibilidad del estar vivo. Duelos y ausencias intensifican al menos en dos momentos ese dolor persistente: la ausencia del padre y la madre, en el primer libro, la pérdida de la hija pequeña - Lilia Carolina - en los últimos.
Lilia elige un tono apagado, alejado del brillo y el énfasis. En el suelto discurso de su habla poética se marcan a veces los ritmos del romance octosílabo o heptasílabo, como asimismo algunos aires de fuga que repiten un pie rítmico de cuatro sílabas, o endecasílabos sueltos. El resultado es un decir de cierta musicalidad suavemente señalada.
Su léxico es amplio, y frecuenta la gama de los tonos oscuros prefiriendo voces como lluvia, neblina, abismo, noche, sombra, nube, viento, que configuran un paisaje nocturnal acorde con un temple de ánimo inclinado a la soledad, el silencio y el recogimiento. La creadora apela a las imágenes elementales del aire y el agua, buscando la levedad de lo inconsútil, la fluidez de lo inasible.
La pregunta se instala a menudo en este decir poético como el reclamo lírico del ser arrojado en el mundo, que busca afanosamente el sentido del todo.
La rememoración irrumpe en el presente con su carga de afectividad, deteniendo hasta cierto punto al tiempo que transcurre con monotonía. Siente la autora el peso espiritual de la reminiscencia y la aplica al rescate de los seres amados, de lugares y momentos vividos. Valora la palabra como cauce de la interioridad y también como arcano que se abre en el fluir de los días, guiando los pasos del solitario.
Algo de plegaria se instala en este discurso sensitivo y tenaz que lucha contra el olvido y el sinsentido. Los leves poemas de Lilia Boscán descubren las inflexiones del ánimo en espera, habitado por el miedo, el ansia de inmortalidad, los nidos o refugios de la memoria que se constituyen en baluartes frente a la implacable entropía que destruye los cuerpos. La muerte se torna omnipresente.

Tanta muerte grabada
en las piedras, en el agua

El alma solitaria penetra en un bosque con peldaños de acero. Su visión del entorno se halla traspasada por la subjetividad anhelante y dolida. Se trata de una poesía que sugiere más que describir; podemos hallar en ella continuas referencias a casas deshabitadas, árboles que se deshojan, aguas cansadas, con gestos que acompañan la caída y otros que intentan de algún modo la reordenación, el rescate.
Prevalecen las imágenes del vacío y la desolación, ante los cuales el alma despliega con heroísmo su batalla silenciosa. Por momentos percibimos cierto clima onírico en que se borran los límites de vida y muerte.

El tiempo se deshoja lentamente
y nadie sabe el camino de los muertos.

El hilo desplegado une los fragmentos
y encuentras el origen.

La muerte se muestra como realidad cotidiana y acaso como perfección del mundo corruptible. Lilia ama los estados crepusculares, la penumbra del amanecer o el anochecer; prefiere transitar esas zonas de frontera que remiten a la muerte o el sueño. Registra instantes fugaces, que parecen cargarse de significación a través de la afectividad que los traspasa.

Nubes amarillas se alejan lentamente
arrastrando los fragmentos de mi vida

La presencia del yo y sus derivaciones asegura la continuidad subjetiva del discurso y le confiere unidad. Nos es dado asistir a los avatares de un alma ansiosa de sentido y origen, tocada por una vocación metafísica irrenunciable. Ella, perdida en el laberinto, intenta coordinar vida y muerte, vida y sueño, en una búsqueda que adquiere tonos universales.

Agua del origen
surco de origen
misterio del hombre.

Mi aliento deja su huella
en los castillos del aire.

Camino sola
sobre restos de caracol
sobre ruinas de recuerdos.

Se perfila en los poemas de Lilia Boscán un camino de introspección conducente al conocimiento profundo del ser. Busca su propio rostro… Porque mi rostro es apenas una huella deshojada en los círculos del agua. Reconoce los hitos iniciáticos de su andadura solitaria, los signos del vivir, el morir y el renacer, en suma el sello de la inmortalidad impreso en la criatura humana, sin que esto alcance a borrar su fragilidad y desamparo:

con ganas de vivir
un poco más
con los muertos
de la tierra.
……….

nacer varias veces
de la misma herida
……….
Amantes en una roca
como dioses inmortales.
…………..

Signos milenarios
grabados por los dioses
en el altar del viento y la ceniza.

Se ve extraña de oficio, naciendo entre las manos del amante, reinventando su propio rostro. Esa búsqueda del propio rostro, que es signo del descubrimiento del ser como núcleo de la persona, conduce a la extra-posición, la mirada desde afuera: observo mi cuerpo ajeno. Desde esa mirada se es capaz de asistir al derrumbe de la propia vida, tomando conciencia de la disolución de lo aparente. Tomo algunos ejemplos:

Y yo, un náufrago en medio de la nada…

……..
Se inmola la vida
en altares de hierba

¿Soy yo
o es la otra
que me habita?
…….
Me llamo
me nombro
abrazo mi dolor
de semilla desterrada

La idea de exilio en el mundo, que es una idea gnóstica, ha penetrado también en la tradición cristiana, y lo ha hecho especialmente a través de los poetas, como puede verse en autores de diversas épocas. En Lilia Boscán, como en el argentino Ricardo E. Molinari, aparece esta idea del hombre en orfandad, exiliado del Reino.
Asoma en la poeta la conciencia del propio error y errar mundano. Las palabras respiran incertidumbre. Vuelve una y otra vez la nota de la palabra herida, el sol cansado, mostrando una situación de naufragio.
El viento, imagen simbólica del espíritu, es una constante del mundo imaginario de Lilia Boscán. Es una presencia fuerte que remite a lo numinoso y oculto, pero también se revela como implacable y cruel.

el viento arrastra
el lamento de los muertos

el viento continúa
alisando piedras

doblando mi cuerpo
sin ningún acuerdo establecido.

La poesía, entendida como rito y ceremonia, nombra lo apenas entrevisto o presentido, el lado oculto de la realidad. Golpean las palabras en el corazón del sueño… ..El mundo es una hoguera, una tumba que espera…., como si un velo de neblina cubriera la realidad de los objetos.

Desfilan las nubes
vestidas de luto
y los rostros lloran
frente a la ventana
…………
El mar es un camino
incierto al infinito

Todo desaparece
…………
el sol se eclipsa
en un campo de sombras.


La ausencia infinita marca la poesía de Lilia Boscán y le confiere un tono fuertemente elegíaco. Poesía eminentemente subjetiva, animiza la naturaleza, extiende lo concreto hacia lo invisible. Llora el devenir del tiempo irrecuperable; sólo en ciertos momentos la intuición de eternidad logra calmar los tonos de la angustia, y alcanzar la serenidad de lo bello:

Vigilia de los astros,
raíces de luna
en la simiente del la noche,
cristal tallado por los días,
penumbra de pájaro dormido
en las aguas del origen.

pétalos de sombra
se anidan en mi pecho.

La autora describe situaciones reales y a la vez metafísicas, que entrecruzan redes de sentido en el mundo real, aparentemente indiferente. Comunica la sensación de sentirse atrapada en una red oculta. Su palabra, que adquiere tonalidades proféticas, da cuenta de un mundo que declina e instala revelaciones apocalípticas. Se ve a sí misma en ese mundo tocado por la irreversible caída de la materia. Voces, visiones vagas, escenas de amor miradas desde afuera, desfilan en sus poemas finales. El dolor, las pérdidas personales, se suman a esta percepción de la ausencia, pero no se trata tan sólo de un dolor personal, trasciende de él un reclamo existencial por la condición humana.
En muchos casos el yo resulta elidido, reemplazado por un modo presentativo aparentemente impersonal, nominal. Así se presentan paisajes irreales, oníricos, lunares, y la mirada percibe la circularidad del tiempo, río que vuelve. La imaginación y el sentimiento se apoderan a menudo del discurso. La crueldad del mundo, que condena a los hombres, justifica el recogimiento, la intimidad con el río, la lluvia, el árbol.

los hombres, ciegos, indefensos
con la muerte a su lado, cabalgando
……………

la fila de los condenados
…………….

El poetizar de Lilia Boscán recoge momentos fugaces de esplendor. Vive el acto de la palabra como ofrenda y rito, acaso un rito salvaje y escondido que va dejando un surco en el alma, transformando el caos en cosmos, dando lugar a un ser dolorosamente renovado. El sueño es la frontera del tiempo, los espejos-rostros son guías hacia el misterio.

Grandiosa unidad
de las mareas,
desmesurado esfuerzo
de los astros
……….

En cascadas de luz /
se derrumba
la tarde
…….
niebla, bosque de silencio
montaña herida
mar llorando.

El dolor de la pérdida la remonta a su destino total, su infancia, su vocación materna. Se imponen las imágenes del ciervo herido, el árbol de neblina. Frente al núcleo sagrado de la infancia se perfilan escenarios de simulacro, máscaras ante las cuales

el alma se refugia
en el último silencio


La autora va imponiendo delicadamente una imagen de sí misma, la de una mujer en la ventana mirando el cielo, las nubes. Esa mujer heroica, asomada al mundo, registra sus remembranzas, conoce los peligros y la alegría del abismo, intuye su realización metafísica. Su palabra, que parece surgida de un pacto con el silencio, quiere ser apenas audible, guardar la riqueza de las horas calladas.
Podría hallarse en estos poemas cierta marca surrealista constatable en su inclinación a la imagen, su atención al sueño y el azar, su entrega a una realidad sin límites. Pero prefiero considerarlos ajenos a las modas de la época y atribuir ese “superrealismo” a cierto cristianismo gnóstico, ciertamente redescubierto por varios surrealistas. En ese decir hay un culto de la imagen que aparece esporádicamente como cuando dice, en un perfecto endecasílabo: un barco anclado en un jardín de flores. o en este otro ejemplo: Nubes como un cortejo de flores azules…

La voz profética adelanta su convicción de la caducidad de lo visible, su fe en la palabra, su afirmación de la nocturnidad salvífica, que se expresa de diversos modos.

El cielo se oscurece,
la noche avanza.
………

me volveré arena
y nave de silencio
………
Estaré a salvo
En los confines del sueño.
…….
Segundo nacimiento
en un bosque de palabras


La poesía de Lilia Boscán es un canto solitario que se contrapone al ruido del mundo; una ofrenda que incendia las palabras para transformar el dolor en belleza. Podríamos decirlo con una de sus bellas imágenes:

Un bosque
navegando en la intemperie





Graciela Maturo
Buenos Aires, 23 de noviembre de 2009.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El Amor Trágico del Joven Werther


Johann Wolfang Goethe (1749 - 1832) es considerado uno de los grandes escritores alemanes, famoso por sus numerosas obras entre las que se destacan Los sufrimientos del joven Werther (1774); sus dramas Ifigenia en Táuride (1787); una colección de novelitas breves , Conversaciones de emigrados alemanes (1795); la obra épica Germán y Dorotea (1797); la tragedia La hija natural (1799). Obras escritas en la madures son: La novela Las afinidades electivas (1809), Los años de peregrinaje de Wilhelm Meister (1821, revisado en 1829); Viajes italianos (1816); Poesía y verdad (autobiografía publicada en varias entregas, 1811-1833); un poemario Diván de Oriente y Occidente (1819) y su gran poema coral Fausto cuya versión final apareció un año después de su muerte que ocurrió en Weimar el 22 de marzo de 1832.
Goethe nació el 28 de agosto de 1749, en Francfort del Meno, Hesse, Alemania. Su gran curiosidad lo impulsó a ser un gran lector y acucioso investigador, no solo en el campo de la literatura y el arte, sino también en varias disciplinas científicas como la geología, la química, la osteología y la óptica concibiendo una teoría de los colores distinta a la de Isaac Newton.
Se puede considerar a Goethe como un enciclopedista cuyo afán de saber lo llevó a incursionar en distintos campos del conocimiento; se distinguió por poseer una vasta cultura y por haber participado activamente en la vida cultural de su época, específicamente en la ciudad de Weimar en la cual dirigió el Teatro Ducal entre 1791 y 1813.
Aunque comenzó a estudiar Derecho en 1765 en Leipzig, no pudo continuar por razones de salud y dos años después, continuó y culminó estos estudios en Estrasburgo. Sin embargo, no fue el ejercicio de esta carrera lo que le entusiasmó en la vida sino el arte, la literatura y la investigación científica, sobre todo la literatura, que fue su verdadera pasión. A los veinticinco años publica su primera obra, Los sufrimientos del joven Werther, obra fundamentalmente romántica.
Esta obra contiene elementos autobiográficos ya que se inspiró en el amor profundo que sintió por Charlotte Buff cuando él hacía prácticas de abogado en Wetzlar. Apenas la conoció se sintió impresionado por su belleza tanto física como espiritual, pero desde el principio supo que era un amor imposible porque era novia y prometida de un colega, el joven Johan Christian Kestner. En la novela, Charlote es Carlota (Lotte) y Johan es Alberto. Este amor sin esperanza es el tema central del Werther, los sufrimientos por amor y el final trágico, son elementos característicos del género romántico. Goethe, en esos años en que empezó a ejercer en Wetzlar, colaboró con Herder, teórico del arte y la literatura, en la redacción del manifiesto fundador del movimiento “Sturm und Drang” (Tempestad e Ímpetu), que fue considerado el preludio del Romanticismo alemán.
Con esta novela, Goethe consiguió un gran éxito como escritor. Fue leída con entusiasmo y avidez porque en ella se expresan las emociones y los sentimientos del amor unido al dolor de la frustración y el desengaño. Dicen que se generó una ola de suicidios entre jóvenes y adolescentes de la época bajo la influencia de esta novela.
Está escrita en primera persona en estilo epistolar, dirigidas las cartas a un amigo muy especial; está estructurada en tres partes: Libro I; Libro II; El editor al lector (III) La primera carta con la que se inicia el Libro I tiene fecha de 4 de mayo de 1771, época del alejamiento de su hogar y de su ciudad natal y del comienzo de la estadía en otra ciudad. Si nos atenemos a su biografía, la ciudad a la que llega es Wetzlar, a donde fue ejercer después de haber terminado sus estudios de Derecho en Estrasburgo en 1771.
Esta novela escrita con lenguaje rebosante de lirismo, es un emblema del romanticismo; además del amor trágico, está presente otro gran tema, el de la naturaleza, escenario vivo de esta historia de amor. La naturaleza es fuente de poesía: “Cada árbol, cada matorral es un ramillete de flores y uno querría volverse abejorro para revolotear por este mar de aromas, encontrando en él todo su alimento”.
Los sentimientos expresados guardan relación con el ambiente que le rodea. Su espíritu de “admirable serenidad” es semejante a una “dulce mañana primaveral”. La naturaleza es descrita con adjetivos que expresan belleza y paz: “ameno valle, alto sol”, “alta hierba”; las imágenes se multiplican para describir una naturaleza que se despliega como un gran lienzo de belleza en el que se enmarcan el amor y el dolor de los amantes; idealiza a la naturaleza y también a la mujer amada dotándola de absoluta perfección: es bella, es abnegada, dulce, honesta, inocente y pura, pero es inalcanzable. Es un amor imposible porque ya está comprometida y el matrimonio es inevitable. Cuando la describe rodeada de las hermanas, de once a seis años, repartiéndoles el pan de la merienda, es una imagen de tal plasticidad que más bien parece la versión literaria de una pintura renacentista.
Sentirse enamorado, no solo de Carlota sino también de la naturaleza y de la paz que prodiga, es bastante para su felicidad: “Vivo unos días tan felices como los que reserva Dios a sus Santos, y ya puede ser de mi lo que sea, que no puedo decir que no haya gustado los gozos, las alegrías mas puros de la vida…. Conoces mi Wahlheim: allí me he establecido del todo, y desde allí estoy solo a media hora de Carlota; allí me siento yo mismo, y siento toda la dicha que se le ha dado al hombre” .

El libro, no solo es el relato de un gran amor, sino es un compendio de sabiduría, en el que se leen una serie de reflexiones del autor que observa todo, que piensa y saca sus propias conclusiones sobre el vivir humano. De las personas que viven en continuo movimiento, en continua búsqueda, muchas veces a ciegas, sin saber qué es lo que quieren, dice al respecto: “Así, el más intranquilo vagabundo vuelve al fin a anhelar su patria, y en su cabaña en el pecho de su esposa, en el círculo de sus niños, en las ocupaciones de la casa, encuentra la delicia que en vano buscó por el ancho mundo”. Valoriza la vida cotidiana, los pequeños placeres domésticos, la paz que provoca la lectura de un buen libro como las obras de Homero, las bondades de la vida patriarcal, la felicidad de plantar unas semillas, ver crecer el árbol y disfrutar sus frutos.
Es sabio cuando reflexiona sobre lo poco agradecidos que somos los seres humanos a pesar de tantos regalos que nos hace Dios a lo largo de nuestra vida y dice “Si siempre tuviéramos el corazón abierto para disfrutar lo bueno que Dios nos depara día tras día, tendríamos también bastante fuerza para soportar el mal cuando llega”. Otra reflexión es con relación a la felicidad del hombre; Werther, después de una conversación con un loco, dice ¡Dios del cielo! ¿has puesto como destino a los hombres que no sean felices sino antes de tener uso de razón o cuando la pierden?.
Los tormentos y al mismo tiempo las esperanzas del amor los vive el joven Werther que se debate entre la fuerza de su pasión y la esperanza de ser correspondido.
El amor de Werther es tierno y apasionado y solo vive para pensar en ella, para disfrutar de antemano la próxima visita: “! La veré! Exclamo por la mañana, cuando me alegro mirando con toda felicidad el hermoso sol: ¡La veré! Y ya no tengo otro deseo durante todo el día. Todo, todo desaparece en esta perspectiva”.
La tragedia se vislumbra porque Carlota tiene dos adoradores: Alberto y Werther; es un triángulo en el que los dos desean el mismo objeto; ambos se llevan bien, tratándose con afecto y respeto pero la presencia de Alberto al lado de Carlota, lo llena de dolor y busca anhelante, los momentos en que ella se encuentre sola. Las dudas lo asaltan y a veces piensa en irse, en alejarse definitivamente de ella. En las cartas a Guillermo, en las conversaciones con Alberto o con Carlota expresa sus pensamientos y sus ideas en torno a diversos temas como el del suicidio.
En el relato están presentes los contrastes: riqueza y pobreza; alegría y tristeza; amor y muerte que son los dos ejes primordiales; la naturaleza, es radiante cuando el espíritu también está radiante pero es gris si el ánimo también es gris; cuando el espíritu está abrumado por la incertidumbre y la tristeza, Werther se debate entre permanecer cerca de Carlota, a pesar de la imposibilidad de su amor o alejarse de ella; hace lo segundo y se va a trabajar como consejero del Embajador en la Corte. Hasta aquí es el Libro I. En el libro II cuenta su estadía en la Corte en el período del 20 de Octubre de 1771 hasta el 5 de Mayo de 1772, fecha en la que renuncia para viajar nuevamente, esta vez a la finca del Príncipe heredero quien lo había invitado amablemente; visita también su ciudad natal en la que evoca a la infancia. Vuelve a encontrarse con el tilo que estaba a un cuarto de hora de la ciudad, meta y límite de sus paseos. Volvió a ver la sierra, los bosques y los valles; en la ciudad, las casitas de las huertas, la vieja casa de la infancia, la escuela ahora transformada en tienda y tantos otros sitios en los que vivió momentos felices. La evocación de la infancia y la consecuente nostalgia es otro rasgo de la literatura romántica, así como el amor a lo propio, a la tierra natal.
En el tiempo de la ausencia, durante su estadía en la Corte, Carlota y Alberto se casaron y el dolor es ahora insoportable; otra vez la naturaleza es término de comparación para el estado de su espíritu: “como la naturaleza se inclina hacia el otoño, así se hace otoño en mí y alrededor de mí: mis hojas amarillean, y ya han caído las hojas de los árboles cercanos”. La naturaleza aunque sea espléndida se presenta yerta y su visión ya no es fuente de ventura. Siente vacía su alma y cada vez el tormento es mayor, por eso afirma que el destino del hombre es siempre soportar su suerte y apurar su cáliz.
El sentimiento religioso, la constante alusión a Dios, es otra constante en este relato romántico. Hay momentos en que se queja del silencio de Dios diciendo: “Solo estoy bien donde estas TÚ, y quiero sufrir y disfrutar ante tu rostro. Y TÚ, amado Padre Celestial, ¿No me has de escuchar?”.
El matrimonio de Carlota es una tortura. Cada día está más desesperado. En este estado de angustia permanente la figura de Carlota lo persigue, y con reflexiones profundas sobre qué es el hombre y el destino, termina la segunda parte del relato.
En la tercera y última parte, Del editor al lector, escrita en primera persona, se narran los últimos días de Werther, insertando cartas y toda la información que el nuevo narrador pudo recibir de todos los conocedores de la historia. Cuenta el desconsuelo y el hastío creciente de Werther y el desequilibrio total de su espíritu; tal infelicidad, tal congoja consumió las fuerzas de su espíritu hasta un grado que la vida se convirtió en una pesada carga y solo ansiaba morir. La relación de amistad entre los tres amigos ha cambiado. Alberto, celoso, ha pedido a Carlota que lo aleje de ella; Carlota estaba firmemente decidida a hacerlo. El drama radica no sólo en la pasión imposible de Werther, sino en la intranquilidad creciente de Carlota. Ante la idea del alejamiento de Werther, su espíritu se ensombrece y empieza a percibir que también ella lo quiere: “Todo lo que ella sentía o pensaba como interesante, se había acostumbrado a compartirlo con él, y su alejamiento amenazaba abrir en el ánimo entero de Carlota un vacio que no podía volverse a llenar”. La pasión se vuelve incontenible y en un arrebato “Él la estrechó entre sus brazos, oprimiéndola contra su pecho, y cubrió sus labios vacilantes y balbucientes con ardientes besos.

La convicción de que es amado lo sume en una gran perturbación porque, a pesar, de esta felicidad, el amor continúa siendo un amor imposible; no quiere causar ningún daño a la pareja y ahora ve, aun más claro, que tiene que morir, que tiene que ir al Padre: “A éste me quejaré, y Él me consolará hasta que tú llegues; y saldré volando a tu encuentro, y te abrazaré, y quedaré contigo en eterno abrazo a la vista del Infinito"
Finalmente, Werther termina con su vida disparándose en la cabeza, dejando escrita en su última carta todo el amor a su amada Carlota. Se produce la tragedia porque no ha sido posible evitar el desenlace de dolor y muerte. Los sentimientos han triunfado por encima de la razón.
El amor y la muerte se han encontrado para dar fin a este relato que contiene todos los elementos del género romántico, expresado con la belleza poética que solo puede hacer un gran escritor. Elementos biográficos están allí pero solo el estilo y la sensibilidad de Goethe la convierten en una obra trascendente y universal.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Puerto de sombras


Palabras de presentación del libro Bosque de Sombras de Lilia Boscán de Lombardi.
Salón Hesnor Rivera. Biblioteca Pública del Estado Zulia.
Maracaibo, 12 de septiembre de 2012

Puerto de Sombras

Leí en alguna parte que Federico García Lorca había dicho que la poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio, pero, de ser así, cuál es ese misterio. Tagore, poeta hindú, entendió que ese misterio no era otra cosa que el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos. Ahora bien, qué eco es ese. Puedo seguir ahondando y ahondando en preguntas, pero llegando a una misma conclusión: la poesía no tiene conclusión puesto que en ella se agolpan todas las posibilidades. De tal manera que, si le pregunto a la poesía ¿Qué es la poesía? ella me dirá lo que es desde la poesía misma. Creo que por eso en algún pasillo de la Universidad del Zulia, el poeta Hesnor Rivera, me dijo: la poesía siempre es otra cosa siempre y se fue arropado por su risa de trueno secreto.
Sea lo que sea la poesía parece estar ligada muy íntimamente a la sensibilidad humana. Quizás por ello Adorno desesperado dijo que después de Auschwitz no podría volverse a escribir poesía. Sin embargo, y pese a que después de Auschwitz vinieron otros Auschwitz disfrazados con otras máscaras, se continuó escribiendo poesía. ¿Cómo ha sido posible que en medio del fango espeso de la oscuridad humana pueda seguirse escribiendo poesía? No lo sé, pero Miguel de Cervantes solía decir que los tiempos en que es más abundante la poesía, suelen también serlo de hambre y la poesía, después de todo es más profunda y filosófica que la historia, dirá por otro lado Aristóteles. Entonces, los tiempos oscuros, los tiempos bárbaros, los tiempos de bajeza, vileza, cobardía y laxitud están condenados a ser cantados y purificados, si quiere verse así, por la poesía. Creo que a eso y no a otra cosa debemos la ocasión de estar aquí reunidos para presentar Puerto de Sombras que, más que una antología, es la vida poética de Lilia Boscán de Lombardi.
Puerto de Sombras reúne toda la poesía de Lilia Boscán de Lombardi. Están acá Voces de la Memoria, Surco de Origen, En el Corazón del Vértigo, Desde el Signo que me Nombra y, un texto inédito hasta ahora llamado Letra Herida. Es esta una antología que también puede leerse como un muy humano tratado acerca de la afectividad doliente tejida desde la cristalina intimidad entre la imaginación y el sentido poético. María Zambrano lo llamaría conocimiento poético que, dirá ella, no es más que el ciego ímpetu de la vida que se arrastra por un cuerpo, por su cuerpo, por sus cuerpos, ya que ninguno le basta. Puerto de Sombras significa, sin temor a equivocarme, la patria de las raíces de Lilia, allí, en sus profundidades arden como soles perennes las fuentes de donde mana la caricia con la cual acaricia la vida: agua, aire, noche y muerte. Cuatro palabras, cuatro instancias donde se fraguan las mismas heridas de Miguel Hernández.

El mar es como un espejo

En Posiciones y Proposiciones (1928) Paul Claudel advierte que todo lo que el corazón desea puede reducirse siempre a la figura del agua. ¿Reducirse?, me pregunto. ¿Cómo siendo el agua el vehículo de la naturaleza, así la contemplaba Da Vinci, podemos hablar de reducción? El agua es principio fecundador y elemento a través del cual transita la fluidez de lo incognoscible. Bachelard entiende que para la imaginación todo lo que corre es agua; todo lo que corre participa de la naturaleza del agua. El agua que a veces es lluvia, dirá Lilia Boscán de Lombardi, borra la imagen reflejada en el espejo y nuestros pasos se deshojan en sus propios círculos. El agua entendida como elemento maternal, como principio femenino, como sustancia de pureza y purificación está presente en la poética de Lilia Boscán de Lombardi. Presente como complejidad esencial de una moral líquida donde busca lavarse el rostro la racionalidad para poder sentir a través de la iluminación de los sentidos.
Las voces de la memoria de la poeta transitan, corren como testigos de su vida y de su palabra. Sacuden las tardes muertas chapoteando en forma de recuerdos para volverse luego raíces perdidas en el agua solitaria. Voces que van cantando el testimonio de la construcción de sí misma cubriendo cada vez los viejos temores, la monotonía de las horas, el miedo de buscar, dirá Lilia, y no encontrar más que imágenes deshechas en el agua. Las voces de la memoria movidas por sus ríos interiores tallan el alma de las cosas que la acosan desde las ansias labradas por los silencios del insomnio. Voces que hurgan en el mar de la memoria y la regresan a su origen. Regresar para olvidar lo que no se olvida. Entonces el agua parece transformarse en la poesía de Lilia en símbolo de la consciencia o, como queda explicado en los cantos védicos, símbolo del océano inconsciente del que debe emerger la Divinidad, pero, qué es esta Divinidad, pues, ya lo hemos dicho con María Zambrano: el conocimiento poético.
Conocimiento poético que parece vislumbrarlo Lilia a través de un mar hecho camino incierto al infinito donde puede respirar la nostalgia y el dolor maravilloso de quedarse sin certezas, de susurrar historias que sólo a ella le pertenecen, de inclinarse para ascender al deseo como ola temblorosa. Palabra ardiente que se derrama en esencias sobre los cuerpos abrazados de aquellos que persisten en amarse pese a la duda que siempre lo arrasa todo. Conocimiento poético que nos abre la razón a una ebriedad sin tiempo donde todo se entiende como cosa nueva, ya que, así lo afirma Lezama Lima, el hombre puede alcanzar por el conocimiento poético un conocimiento absoluto. Un conocimiento total puesto que es asimilado por la totalidad del cuerpo cubierto por la fiebre incandescente de sentir. Sentir desde esa intuición siempre ambiciosa de los hijos de Dionisio que rugen al abismo que desea engullir a quienes quieren descender. Sentir, pero sentir ardorosamente, afectuosamente, gozosamente, desde la totalidad de la experiencia de estar vivo. Estar vivo que es, como ya ha dicho la propia Lilia, buscar nuestro propio rostro en el fondo del patio dentro de las aguas que guarda el viejo tinajero.

En los castillos del aire

Graciela Maturo nos dice que Lilia ama los estados crepusculares, la penumbra del amanecer o el anochecer; prefiere transitar esas zonas de frontera que remiten a la muerte o al sueño. Poemas que parecen haberse fraguado justo en el momento en que nos detenemos para contemplarnos desde el suspiro. Poemas escritos desde el frágil estupor donde el aire suele devolverse y sólo la simplicidad puede dar cuenta de lo respirado. Ese suspiro seguirá, nos dice María Zambrano, seguirá y nadie sabe quién lo podrá recoger, nadie sabe quién lo podrá esperar. En ese suspiro que sigue, que es aire disperso en la trama de la noche, late el secreto del Ser que es, al mismo tiempo, luz y sombra, tierra de bocas, imagen, lugar ilimitado. Suspiro que nos habla de un logos no encontrado y todavía por encontrar.
La palabra de Lilia late, palpita en las entrañas del aire que respira incertidumbre. Aire que golpea dulcemente en la cara limpiando la mirada para poder contemplar la fuga de los alacranes que regresan temblando todavía en la perplejidad del enigma. Aire que se revuelve entre los misterios del toro como una ofrenda a la semilla esencial, al surco de origen. El aire respirado en las palabras de Lilia Boscán de Lombardi viene dando manotazos al vacío para hablarnos de lejanas voces marinas, del amargo sabor de la ausencia, de una herida abierta cautiva en el dolor que balbucea la memoria. Una herida que el mismo aire canta como pájaro escondido que picotea en la sangre que sangra entre la sublime transparencia de una estrella diminuta. Yo conozco ese dolor que no deja de punzar cada noche y que abraza la poca luz que llega a las entrañas.

El día está agonizante

La noche, en Lilia Boscán de Lombardi, es el fondo del silencio sin caricias ni palabras donde solemos besar los escombros de todos los recuerdos. La noche, como la poesía, siempre es otra cosa, es, por ejemplo, reducto de lo divino, espejo invertido de nuestro mundo, fulgor de la Naturaleza, espacio inmutable donde se desnudan los cuerpos solares de lumbres que quiebran el olvido. La noche, espacio vital donde los amantes se lamen las heridas, es, como diría Goethe, la mejor mitad de la vida o quizás sea una puerta muda y fría abierta a mil desiertos como advirtiera Nietzsche. Sin embargo, Lilia insiste en afirmar, con el aroma intacto de las plantas en las manos, que la noche, la noche de su alma, es un mar ansioso donde pescadores morenos lanzan en la oscuridad sus largas redes de esperanza.
Lilia habla de la noche y puedo contemplar, en el fondo de sus palabras, a Novalis tejiendo himnos infinitos sobre el pálido rostro de la amada que lanza besos de fuego desde el corazón de la tierra. Veo a Hölderlin lamiendo misterios en el vientre mismo de la locura. Contemplo a Keats lleno de lunas plateadas resplandeciendo con un brillo distinto, un brillo de fuego demoníaco que soplaba en su frente. Veo a Lilia desde el fondo inquieto de sus palabras sembrando en la penumbra bosques de canto oscuro, sucesiones de instantes que van dando forma a una agonía que persiste ciega de colores y formas. La noche, siempre la noche, de donde partimos para volver siempre.
La noche es un tiempo sin tiempo donde el ser se abandona al vivir sin realidad. Dejarse ir, dirá María Zambrano, entre vida y ser, o entre ser y vida: ser en la vida o vivir bajo el ser como cielo único, como invisible, negro cielo, en la noche del ser. La noche en Lilia Boscán de Lombardi es un sin tiempo visceral que late desde la vida misma en su espesa mundanidad. Mundanidad que permite pro-crear la belleza del sentido, que sublima el sentido mismo de la existencia, que nos vuelve amos y escultores de nosotros mismos. Durante la noche la vida se inmola y, en ese transitar de sombras, Lilia aprovecha para preguntarse si eso que palpita es ella u otra que la habita. Durante la noche, Lilia es círculo que se estrecha y se expande para iluminar los abrumados pasos del amante que la acompaña. Pasos que son testimonios de un largo deambular por la vigilia que contiene las palabras, el misterio ignoto del suspiro detenido. Durante la noche, Lilia se fragmenta y se unifica en una lámpara encendida que despliega sus alas para convocar la llama secreta de los planetas y así, en medio de esa oscura luz secreta, contemplar todas las formas posibles del universo.
El agua y el aire son nombres a través de los cuales se dice la noche en la poesía de Lilia Boscán de Lombardi. Ambos caminos suponen el ascenso al Ser que se debate en la palabra que pronuncia las bocas de una herida abierta. Una herida que guarda Lilia arropada en el cálido fuego del hogar de su alma. Un pequeño cuerpo que es canto de agua, sublime transparencia de gotas derramadas en el candor de la piedra surcada de raíces. Raíces, marcas visibles que le surcan el cuerpo y que esperan el nacimiento del silencio profundo de la noche para crecer hacia dentro, hacia afuera, desde la fragilidad del cuerpo que nace de su cuerpo. Agua, aire y noche confundidos en la encrucijada de un corazón todavía sonriente que a veces es página en blanco, a veces puerto de sombras, otras veces signo que lo nombra todo y otras tantas, deseo ardiente de mantener la casa iluminada hasta el día posterior al encuentro.